Por Redacción CEPCOM
Cuautitlán Izcalli, Estado de México, miércoles 20 de mayo de 2026 (Red Católica).– En la tarde del segundo día, del II Encuentro Nacional de Pastoral, los participantes continuaron profundizando en la construcción de una auténtica cultura vocacional, mediante espacios de iluminación pastoral, diálogo y trabajo comunitario orientados a renovar los procesos evangelizadores en las diócesis de México.
La jornada inició con la exposición titulada “Iluminación del PGP y la Cultura Vocacional”, presentada por el Pbro. David Jasso Ramírez, Provicario Episcopal de Pastoral de Monterrey, quien ofreció una reflexión sobre los desafíos actuales que enfrenta la Iglesia para impulsar una pastoral centrada en el sentido de vida, el acompañamiento y el discernimiento vocacional.
Transformar la pastoral desde las relaciones y no solo desde las estructuras
Durante una amplia reflexión sobre el Proyecto Global de Pastoral (PGP) y la crisis antropológico-cultural contemporánea, se planteó una provocadora imagen para describir el momento que vive hoy la Iglesia: el famoso puente de Choluteca, en Honduras, que sobrevivió al devastador huracán Mitch de 1998, pero quedó inutilizado porque el río cambió de cauce.
La anécdota fue presentada como metáfora del cambio de época que atraviesan tanto la sociedad como la acción pastoral. Aunque muchas estructuras permanecen firmes, el contexto cultural y humano se ha transformado profundamente.
“El puente quedó en pie, pero ya no conectaba con nada”, se explicó, subrayando que el verdadero desafío no consiste únicamente en conservar estructuras pastorales, sino en discernir si todavía responden a las nuevas realidades humanas y espirituales.
En ese contexto, se señaló que el Proyecto Global de Pastoral no se limita a promover más vocaciones o multiplicar actividades, sino que propone una transformación profunda de las relaciones humanas, eclesiales y comunitarias. La preocupación central ya no es solamente la llamada “crisis vocacional”, sino la crisis más profunda que la provoca: una crisis de sentido, pertenencia e identidad.
Crisis de sentido y cultura de la “no vocación”
La reflexión retomó el diagnóstico del PGP sobre la actual “crisis antropológico-cultural”, caracterizada por el debilitamiento del sentido del ser humano, de la verdad, de los vínculos y de la trascendencia.
Se advirtió que muchas personas toman decisiones sin horizonte, viven sin experimentar que su vida sea una llamada y enfrentan una especie de “depresión espiritual y moral” que debilita el encuentro con Dios, con los demás y consigo mismos.
Se afirmó que la sociedad contemporánea vive una “cultura de la no vocación”, donde la vida deja de comprenderse como respuesta a un llamado trascendente. Más allá de la falta de respuestas, el problema de fondo sería la pérdida misma de la experiencia de ser llamados.
La reflexión recordó que, como señala el Documento de Aparecida, cuando Dios deja de ocupar el centro de la vida, la realidad termina deformándose y aparecen relaciones destructivas, individualismo y pérdida de sentido.
De la pastoral de eventos a una pastoral de procesos
Otro de los puntos centrales fue el llamado a pasar de una pastoral centrada únicamente en actividades o eventos hacia una auténtica pastoral de procesos y acompañamiento.
Se reconoció que en muchas ocasiones la Iglesia ha avanzado más en la organización de actividades que en la generación de espacios donde las personas puedan experimentar encuentro, pertenencia, escucha y discernimiento.
Por ello, se insistió en que toda acción pastoral debe ayudar a que las personas redescubran su identidad como hijos de Dios, fortalezcan vínculos fraternos y vivan relaciones sanas con la creación y la comunidad.
La propuesta pastoral presentada subrayó que la vocación no nace simplemente de estrategias de promoción, sino de comunidades capaces de convertirse en “casitas sagradas”, lugares donde todos tengan un lugar, sean acogidos y puedan experimentar amor, escucha y sentido de vida.
Una Iglesia que acompañe y genere encuentro
La reflexión concluyó señalando que la responsabilidad de construir una cultura vocacional no corresponde únicamente a oficinas o departamentos especializados, sino a toda la acción evangelizadora de la Iglesia.
Desde esta perspectiva, se afirmó que la pastoral debe generar espacios de silencio, escucha, encuentro con Jesucristo y acompañamiento comunitario, favoreciendo procesos que ayuden a las personas a reencontrar identidad, pertenencia y misión.
“La vocación deja de ser un problema a resolver y se convierte en una respuesta libre y gozosa a una llamada que da sentido a toda la existencia”, se afirmó al final de la exposición.
Asimismo, se destacó que la renovación pastoral solo será posible si la Iglesia aprende a caminar desde nuevas formas de relación, participación y discernimiento comunitario, impulsadas por la conversación en el Espíritu y la experiencia viva del Evangelio.
Panel de experiencias y buenas prácticas
Posteriormente se desarrolló un panel de experiencias y buenas prácticas pastorales, donde representantes de distintas dimensiones episcopales compartieron proyectos y acciones concretas para promover la cultura vocacional dentro de sus procesos de evangelización.
Entre los participantes estuvieron el Pbro. Otoniel Ochoa Nieto, el Pbro. Carlos Sandoval Rangel, la Lic. Teresa Ramos Cadenas, el Pbro. Yahir Ortega Martínez y el Pbro. Mauro Rodríguez Serrano, quienes abordaron iniciativas vinculadas con la Nueva Evangelización y Catequesis, Pastoral Educativa y de Cultura, Pastoral Juvenil, Familia y Pastoral Vocacional.
Las exposiciones destacaron la necesidad de fortalecer procesos pastorales integrales que ayuden a las personas a descubrir su vocación desde la experiencia comunitaria, la escucha y el encuentro con Cristo.
Más tarde, los asistentes participaron en mesas de trabajo donde reflexionaron sobre las actitudes, lenguajes, prioridades, procesos y metodologías que pueden favorecer una auténtica cultura vocacional en la evangelización.
El diálogo se centró en cómo pasar de una pastoral enfocada únicamente en actividades a una pastoral de procesos que acompañe la vida de las personas y fortalezca vínculos comunitarios y eclesiales.
La jornada concluyó con un plenario y el rezo de las vísperas.
