Ana Paula Hernández Romano y el P. Jorge Atilano compartieron conclusiones y desafíos del proceso nacional de paz

 

Por Redacción CEPCOM

Ciudad de México, 21 de mayo de 2026 (Red Católica).- En el marco del II Encuentro Nacional de Pastoral, Ana Paula Hernández Romano y el Padre Jorge Atilano González, integrantes del Núcleo por la Paz, compartieron las conclusiones del II Encuentro Nacional por la Paz en Guadalajar, Jalisco, y dialogaron con vicarios de pastoral y secretarios de comisiones y dimensiones episcopales sobre los desafíos actuales en la construcción de paz en México.

Durante el espacio de reflexión, destacaron que uno de los principales logros del proceso ha sido la consolidación de una Agenda Nacional de Paz construida desde la escucha de diversos sectores sociales, eclesiales y comunitarios.

“Se logró construir una diversidad de voces que permitió tejer una mirada común y un horizonte compartido que sigue siendo vigente”, señalaron.

Metodologías y acciones concretas para los territorios

Los representantes del Núcleo por la Paz explicaron que uno de los objetivos principales ha sido pasar de la reflexión a propuestas concretas de acción, mediante metodologías dirigidas a distintos sectores de la sociedad.

En este sentido, recordaron que durante el Segundo Diálogo Nacional por la Paz se presentaron 28 metodologías orientadas a escuelas, parroquias, empresas, gobiernos municipales, policías y colectivos de familias buscadoras.

“Muchas personas preguntan qué pueden hacer; por eso se han construido herramientas concretas para actuar desde cada realidad”, afirmaron.

Asimismo, compartieron experiencias territoriales impulsadas en diversas regiones del país, entre ellas proyectos de atención a la salud mental en la Sierra Tarahumara, procesos de diálogo interreligioso en Chiapas y formación de actores sociales para la paz en Querétaro.

La paz como tarea compartida

Durante el diálogo con los responsables pastorales, se insistió en que la construcción de paz no puede recaer únicamente en un solo actor social, sino que requiere articulación y corresponsabilidad entre Iglesia, universidades, gobiernos, empresas y sociedad civil.

“La paz es una tarea que nos queda grande si intentamos asumirla solos. Nos necesitamos unos a otros”, expresaron.

También subrayaron que la Iglesia posee una experiencia histórica de cercanía con los territorios y con las comunidades heridas por la violencia, por lo que está llamada a fortalecer procesos de escucha, cuidado y acompañamiento.

Retos actuales: redes locales y cuidado de agentes pastorales

Entre los desafíos planteados se mencionó la necesidad de fortalecer redes locales en diócesis y parroquias, así como mejorar la articulación y comunicación de las experiencias de paz que ya existen en distintas regiones del país.

De igual manera, se abordó la urgencia de generar mecanismos de protección y acompañamiento para sacerdotes y agentes pastorales que trabajan en contextos de violencia, especialmente tras hechos recientes que han impactado a comunidades eclesiales.

Finalmente, los participantes coincidieron en la importancia de seguir construyendo una esperanza activa que no ignore la realidad del país, sino que impulse acciones concretas desde el Evangelio, el cuidado mutuo y la participación comunitaria.