Redacción CEPCOM

Cuautitlan Izcalli, Estado de México, 19 de mayo de 2026 (Red Católica).- Durante la segunda parte de la jornada del primer día del II Encuentro Nacional de Pastoral, realizado en Casa Lago, Mons. Óscar Efraín Tamez Villarreal, obispo de Ciudad Victoria y responsable de la Dimensión Episcopal  para la Pastoral Vocacional, llamó a impulsar una auténtica cultura vocacional en toda la Iglesia, afirmando que la vocación no debe entenderse únicamente como promoción sacerdotal o religiosa, sino como una dimensión esencial de todo bautizado.

El obispo explicó que la pastoral vocacional necesita pasar de acciones ocasionales a una verdadera cultura integrada transversalmente en toda la vida pastoral de las diócesis. Señaló que desde 2018 este tema ha tomado fuerza dentro de los procesos pastorales del Episcopado Mexicano y hoy representa uno de los ejes prioritarios para la Iglesia en México.

Una cultura vocacional para todos los bautizados

“La vocación no es solamente para algunos”

Durante su reflexión, Mons. Tamez advirtió que uno de los principales desafíos consiste en superar una visión reducida de la pastoral vocacional, limitada únicamente al seminario o a la vida consagrada.

“La vocación no es solamente para algunos; todos los bautizados tienen una llamada de Dios”, expresó al subrayar que la misión de la Iglesia no es “reclutar”, sino ayudar a las personas a descubrir el llamado que Dios ya ha sembrado en sus vidas.

El responsable de la Dimensión Episcopal para la Pastoral Vocacional insistió en que la cultura vocacional debe despertar en niños, adolescentes, jóvenes y adultos la pregunta fundamental: “¿Qué quiere Dios de mí?”.

Explicó que no basta ofrecer información sobre las distintas vocaciones, sino que es necesario formar para el discernimiento, acompañar procesos personales y ayudar a cada persona a encontrar su misión dentro de la Iglesia y del mundo.

La crisis cultural también afecta las vocaciones

Fragilidad emocional y dificultad para comprometerse

Mons. Tamez señaló que la cultura contemporánea influye directamente en el debilitamiento de los procesos vocacionales. Describió al hombre posmoderno como una persona marcada por la fragilidad emocional, la dificultad para asumir compromisos duraderos y la pérdida del sentido profundo de la existencia.

Indicó que esta realidad también impacta en las familias, seminarios e institutos religiosos, provocando crisis de perseverancia y abandono de procesos formativos.

Ante este panorama, afirmó que la Iglesia necesita promover un modelo antropológico centrado en la dignidad humana, la trascendencia y el descubrimiento del sentido de vida.

Una tarea “coral y sinfónica” de toda la pastoral

Sembrar, acompañar, formar y discernir

El obispo de Ciudad Victoria explicó que la cultura vocacional debe ser una responsabilidad compartida por toda la comunidad eclesial y no solamente por quienes trabajan directamente en la pastoral vocacional.

En este sentido, señaló que todas las áreas pastorales están llamadas a colaborar en sembrar, proponer, acompañar, formar y discernir las distintas vocaciones: laicales, matrimoniales, sacerdotales y de vida consagrada.

Finalmente, definió la cultura vocacional como “una obra conjunta de toda la pastoral de la Iglesia”, donde cada bautizado pueda descubrir su lugar dentro del proyecto de Dios y responder con libertad y plenitud.

Mons. Ramón Castro invita a una pastoral que escuche y acompañe

“La misión no termina; comienza siempre de nuevo”

La jornada concluyó con la celebración eucarística presidida por Mons. Ramón Castro Castro, presidente de la CEM, acompañado por Mons. Rutilo Felipe Pozos, vocal segundo, Mons. Héctor Mario Pérez Villarreal, secretario general,  y los sacerdotes Enrique Morales Plasencia y Jesús Ortega Montes, presbiterios que celebran su aniversario sacerdotal.

Durante su reflexión, Mons. Castro subrayó que el tiempo pascual recuerda a una Iglesia que sigue caminando con Cristo Resucitado y cuya misión “no termina, sino que comienza siempre de nuevo”.

El presidente de la CEM invitó a obispos, sacerdotes, secretarios ejecutivos y laicos comprometidos a preguntarse no sólo qué deben hacer pastoralmente, sino quiénes son delante de Dios y qué quiere Dios de ellos.

“Somos servidores de una misión que no nos pertenece; somos parte de una obra que comenzó antes de nosotros y continuará después de nosotros”, afirmó.

Escuchar antes de responder

Recuperar la “pedagogía de la encarnación”

Como primera convicción pastoral, Mons. Castro propuso recuperar una pastoral centrada en la escucha profunda de las personas y de la realidad.

Explicó que Dios no salva al mundo desde fuera, sino entrando en la historia humana y caminando junto a su pueblo. Por ello, advirtió que la Iglesia corre el riesgo de llegar con respuestas preparadas antes de escuchar las preguntas reales de las comunidades.

“Podemos llegar con programas antes de haber escuchado los dolores; con lecturas antes de haber escuchado las esperanzas”, expresó.

Asimismo, afirmó que escuchar no es sólo una metodología pastoral, sino una actitud profundamente teológica que permite discernir la voz de Dios en medio de la realidad concreta.

Paciencia y formación para transformar la pastoral

“El Reino tiene el ritmo de la semilla”

La segunda convicción presentada por Mons. Castro estuvo centrada en la paciencia y la perseverancia pastoral. Recordó que el Reino de Dios crece muchas veces de manera silenciosa y discreta.

“El Reino tiene el ritmo de la semilla y no del mercado”, afirmó al advertir sobre la tentación de medir los procesos pastorales únicamente desde criterios de eficacia inmediata.

Finalmente, insistió en la necesidad de formar integralmente a los agentes de pastoral en las dimensiones humana, afectiva, espiritual y doctrinal.

“La Iglesia necesita formar discípulos maduros, no solamente colaboradores o funcionarios”, señaló.

Al concluir, encomendó el caminar pastoral de la Iglesia en México a la Virgen María, modelo de escucha, discernimiento y paciencia, pidiendo que fortalezca la esperanza y acompañe la misión evangelizadora de la Iglesia.