Por Redacción CEPCOM

Durante el Encuentro Nacional de Oficinas de Prensa Diocesanas, el secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano llamó a profesionalizar la comunicación eclesial, superar la reacción ante las crisis y construir relaciones de confianza con periodistas y audiencias.

Mérida, Yucatán, 20 de julio de 2026 (Red Católica).— La Iglesia no comunica una ideología, sino el encuentro con Jesucristo, afirmó Mons. Héctor Mario Pérez Villarreal, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, durante la conferencia magistral que impartió en el Encuentro Nacional de Oficinas de Prensa Diocesanas.

Ante comunicadores y responsables de prensa de distintas diócesis del país, recordó que la comunicación forma parte de la identidad y la misión de la Iglesia. Desde las primeras comunidades cristianas, anunciar el Evangelio ha significado compartir una experiencia, salir al encuentro de otras personas y transmitir aquello que los discípulos vieron, escucharon y vivieron.

A lo largo de dos mil años, explicó, la Iglesia ha comunicado mediante la predicación, las parroquias, los monasterios, las misiones, la imprenta, los medios electrónicos y, actualmente, las plataformas digitales. Sin embargo, cada época exige comprender nuevos lenguajes, destinatarios y desafíos.

Una comunicación pensada para cada destinatario

Mons. Pérez Villarreal señaló que no basta trasladar una homilía, una catequesis o un comunicado institucional directamente a las redes sociales. La comunicación eclesial necesita preparación, profesionalismo y una narrativa adecuada para cada público.

Una catequista, un sacerdote, un joven evangelizador y una oficina de prensa participan de la misma misión, pero sus lenguajes, herramientas y destinatarios son distintos.

Por ello, las diócesis necesitan desarrollar una comunicación especializada, capaz de dialogar con periodistas, servidores públicos, empresarios, legisladores, organizaciones sociales y comunidades digitales.

También invitó a mantener una relación permanente con los medios de comunicación. Si los periodistas son buscados únicamente cuando surge una crisis, una denuncia o una controversia, la relación terminará reducida al conflicto. Los encuentros periódicos, en cambio, permiten explicar procesos, escuchar dudas, ofrecer contexto y construir confianza.

De una comunicación reactiva a una estrategia proactiva

Uno de los principales retos para las oficinas de prensa, advirtió, es superar una comunicación exclusivamente reactiva.

Con frecuencia, las instituciones comienzan a comunicar después de que ocurre un problema, una acusación, una tragedia o una crisis pública. Una estrategia profesional debe anticipar escenarios, reconocer riesgos, formar voceros, preparar protocolos y generar contenidos antes de que los conflictos aparezcan.

Mons. Héctor Mario pidió pensar en verdaderas direcciones de comunicación y no solo en oficinas encargadas de emitir boletines. Estas áreas deberían coordinar la relación con los medios, las redes sociales, la comunicación interna, la producción audiovisual y la formación de quienes hablan en nombre de la Iglesia.

También llamó a no confundir el número de visualizaciones con una comunicación efectiva. Una reproducción puede representar apenas unos segundos frente a una pantalla, sin que exista comprensión, diálogo o encuentro.

La pregunta central, sostuvo, no debe ser únicamente cuántas personas vieron una publicación, sino cuántas encontraron orientación, comprendieron el mensaje, interactuaron o se sintieron escuchadas.

Encuentro, escucha y compromiso con la verdad

Al retomar los mensajes del papa Francisco para las Jornadas Mundiales de las Comunicaciones Sociales, Mons. Pérez Villarreal propuso varios criterios para orientar el trabajo de las oficinas de prensa.

El primero es comunicar para favorecer el encuentro. Toda estrategia debe preguntarse con quién quiere encontrarse y qué tipo de relación pretende construir.

El segundo es la escucha. Muchas instituciones mantienen una comunicación unidireccional: publican mensajes, ofrecen ruedas de prensa o entregan comunicados, pero no permiten preguntas ni atienden las inquietudes de los periodistas.

Una oficina que no escucha pierde la oportunidad de conocer cómo está siendo comprendida la Iglesia y cuáles son las dudas reales de la sociedad.

El tercer criterio es el compromiso con la verdad. El comunicador debe amar y cuidar a la Iglesia, pero no puede seleccionar únicamente la parte de los hechos que resulta conveniente ni fabricar mensajes destinados solo a proteger la imagen institucional.

Defender a la Iglesia no significa ocultar errores, manipular datos o negar situaciones que necesitan ser reconocidas y atendidas.

Cercanía, empatía y esperanza

La cercanía se expresa en el trato respetuoso, la disponibilidad y la atención personal. Dar tiempo a los periodistas, responder con claridad y ofrecer información suficiente ayuda a construir relaciones profesionales.

La comunicación también necesita empatía. No toda información debe presentarse de forma espectacular o invasiva. El comunicador debe considerar a las personas implicadas, a sus familias y las consecuencias que una publicación puede provocar.

Mons. Pérez Villarreal recordó que, ante acontecimientos dolorosos, no deben adelantarse conclusiones ni atribuir los hechos a la violencia o al crimen organizado sin contar con información verificada. La búsqueda de titulares atractivos no puede estar por encima de la verdad ni de la dignidad de las personas.

Asimismo, subrayó que la comunicación cristiana debe sostener la esperanza. Esto no significa ignorar la violencia, la inseguridad o las injusticias, sino denunciar lo que destruye a la persona y, al mismo tiempo, mostrar caminos de transformación.

Una comunicación centrada únicamente en los fracasos puede terminar convenciendo a la sociedad de que nada puede cambiar.

Mostrar el bien que realiza la Iglesia

Entre los desafíos actuales mencionó el escepticismo hacia las instituciones, la polarización, la desinformación religiosa y la manipulación emocional en las redes sociales.

Señaló que miles de sacerdotes, religiosas, catequistas y voluntarios atienden enfermos, acompañan migrantes, visitan cárceles, sostienen comedores y sirven en comunidades a las que pocas instituciones llegan.

Cuando este bien no se comunica, la percepción pública queda dominada por los conflictos y las noticias negativas.

Mostrar esas obras no significa hacer propaganda, sino reconocer el testimonio de quienes sirven y ofrecer signos concretos de esperanza.

Una ecología de la comunicación

Finalmente, Mons. Héctor Mario planteó la necesidad de construir una “ecología de la comunicación”: un ambiente sano que privilegie la verdad, el pensamiento crítico, la dignidad humana y la verificación por encima de la reacción inmediata.

Recordó que la comunicación no solo transmite información, sino que crea cultura, moldea relaciones e influye en la manera de interpretar la realidad.

Por ello, la Iglesia debe estar presente en los medios y plataformas digitales no únicamente para difundir actividades, sino para promover una cultura del encuentro.

El desafío, concluyó, no consiste solamente en obtener más reproducciones, sino en propiciar relaciones auténticas, defender la verdad y comunicar que, incluso en medio de las dificultades, vale la pena vivir, servir y trabajar por una sociedad más humana.