Durante el segundo día de actividades del Encuentro Nacional de Pastoral de la Comunicación, el secretario de la Pontificia Comisión para América Latina hizo un llamado a recuperar la capacidad de razonar, conocer la cultura contemporánea y salir de las zonas de confort
Villahermosa, Tabasco. 21 de octubre de 2026 (Red Católica).- La comunicación de la Iglesia no puede limitarse a transmitir información. Este fue uno de los principales planteamientos del doctor Rodrigo Guerra López durante su participación en el XXXIII Encuentro Nacional de Pastoral de la Comunicación, celebrado en la Diócesis de Tabasco.
En sus intervenciones, Guerra López llamó a los comunicadores católicos a recuperar la capacidad de razonar, conocer la cultura contemporánea y, sobre todo, salir de las zonas de confort.
En las dos conferencias que impartió durante la segunda jornada del encuentro, Rodrigo Guerra compartió siete reflexiones dirigidas a los comunicadores católicos.
Siete ideas para la comunicación católica
Rodrigo Guerra recordó que lo que ocurre en el mundo digital no permanece encerrado en una realidad virtual: “La comunicación no es solo transmisión de informaciones, sino creación de cultura”.
Las redes sociales generan criterios, actitudes, comportamientos y formas de relacionarse que influyen en la vida cotidiana. Por ello la Iglesia debe asumir la dimensión cultural de las nuevas tecnologías.
El reto no consiste en formar católicos expertos en ganar debates, sino en formar personas capaces de pensar con profundidad. Para Rodrigo Guerra, la fe y la razón deben caminar juntas: una fe sin razón puede convertirse en fanatismo y una razón sin fe puede caer en el racionalismo.
“Tenemos que darnos permiso de volver a recuperar la capacidad para razonar con rigor”, dijo.
El comunicador católico necesita aprender a dialogar con las nuevas generaciones y las distintas culturas sin modificar el núcleo del Evangelio.
Rodrigo Guerra puso como ejemplo a san Pablo, quien supo entrar en diálogo con los distintos ambientes de su tiempo sin renunciar al contenido de su fe: “Hay que adaptar las formas, conservando el fondo”.
No basta con dominar las herramientas digitales, conocer las audiencias o desarrollar estrategias de comunicación: “Sin vida espiritual, evangelizar ambientes altamente adversos es un suicidio”.
El comunicador cristiano necesita oración, contacto frecuente con la Palabra de Dios y una vida espiritual sólida para no terminar siendo conquistado por la misma cultura que pretende evangelizar, apuntó Rodrigo Guerra.
“Evite ser un cristiano burgués”, señaló Guerra López al retomar una preocupación del Papa Francisco: el peligro de una fe cómoda, encerrada en la corrección y alejada de quienes sufren.
La experiencia cristiana exige cercanía con las personas pobres, marginadas y olvidadas, no solamente durante campañas o en Navidad, sino mediante una verdadera amistad.
“Ser duro contigo mismo y suave con los demás”, fue otra de las ideas que compartió. La cercanía con los pobres no solamente transforma a quienes reciben ayuda; también transforma a quien se acerca.
Para Rodrigo Guerra, ese encuentro corrige el corazón, ayuda a superar el aburguesamiento y permite desarrollar mayor paciencia, creatividad y flexibilidad para evangelizar.
Finalmente, señaló que “lo que sucede en el mundo digital pasa a formar parte de la vida de las personas”, esta afirmación invita a dejar atrás la idea de que internet es un mundo secundario.
Para el comunicador católico, el desafío es aprender a gobernar las tecnologías y no convertirse en esclavo de ellas. La herramienta debe estar al servicio de la evangelización y no determinar el mensaje, los criterios o el destino de quien comunica.
La comunicación empieza en mí
Paulina Amozurrutia inauguró el ciclo de conferencias del XXXIII Encuentro Nacional de la Pastoral de la Comunicación, con su charla: “Lo que soy habla más fuerte, la comunicación empieza en mí”.
La activista, formadora de líderes y fundadora de diferentes organizaciones invitó a los responsables de la comunicación eclesial a reflexionar sobre las razones que los motivan a dedicar su vida a la comunicación y la necesidad de profesionalizar su trabajo.
Durante su intervención subrayó que comunicar desde la vocación exige preparación, objetivos claros, coherencia de vida y cercanía con las realidades humanas, para que cada mensaje se convierta en una oportunidad de encuentro con Jesús resucitado.
“¿Qué nos mueve a comunicar? ¿Cuál es el motivo de estar aquí? ¿Para quién realizamos nuestro trabajo comunicativo?”. Con estas preguntas la estratega en comunicación invitó a los comunicadores católicos a mirar más allá de las herramientas digitales y a reflexionar sobre el sentido de la misión comunicativa.
Paulina Amozurrutia insistió en que, aún en medio de las dificultades de la misión, deben prevalecer la vocación, el llamado y la responsabilidad que implica comunicar la vida de la Iglesia.
Desde esta perspectiva, interpeló a los asistentes: “¿Qué tan profesional es nuestro trabajo? ¿Tenemos objetivos claros? ¿Sabemos a qué público queremos llegar? ¿Comprenden las personas lo que publicamos? ¿Cómo presentamos nuestros proyectos a quienes deben conocerlos y respaldarlos?”.
Esta serie de preguntas llevó la reflexión hacia la necesidad de pasar de una comunicación sostenida principalmente por la buena voluntad a un trabajo planificado, con objetivos claros, estrategias y un mayor conocimiento de las personas a quienes se dirige.
Amozurrutia insistió en que no basta con producir contenidos o mantener activas las redes sociales; es necesario tener claridad sobre lo que se quiere comunicar y, sobre todo, para qué se comunica.
“No se trata solamente de construir una imagen, sino de tener claridad sobre quiénes somos, qué defendemos y cuáles son las causas a las que dedicamos nuestra vida”, explicó.
La ponente recordó que la credibilidad de la comunicación eclesial no depende solamente de la calidad de sus mensajes, sino también del testimonio de quienes los transmiten.
Finalmente, retomó una frase atribuida a san Francisco de Asís que, según compartió, quedó grabada en su memoria: “Vayan y prediquen, y sólo, sólo si es necesario, hablen”.
Los retos de la comunicación católica en México
¿La Iglesia está comunicando lo que las personas necesitan escuchar? ¿Qué imagen reciben quienes no participan de la vida parroquial? ¿Y qué sucede cuando, ante situaciones de violencia o injusticia, sus representantes guardan silencio?
Estas preguntas formaron parte del panel: “La Iglesia que comunicamos, la Iglesia que perciben”, celebrado en Tabasco durante el Encuentro Nacional de Comunicadores Católicos, en el que especialistas reflexionaron sobre la distancia que puede existir entre el mensaje que la Iglesia busca transmitir y la manera en que es recibido por la sociedad.
El panel, moderado por Osvaldo Moreno Sotelo, contó con la participación de Mario Madrigal, especialista en comunicación política; Jesús Antonio, comunicador y conductor de radio; y al sacerdote Gilberto Hernández García, periodista y colaborador de la pastoral social en la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
Los especialistas advirtieron sobre la importancia de escuchar a la sociedad, atender las realidades que más duelen y fortalecer la coherencia entre el mensaje y las acciones de la Iglesia.
La Iglesia en México está en redes sociales, pero enfrenta un desafío
Las redes sociales son una herramienta habitual de comunicación para la Iglesia en México. Sin embargo, detrás de las publicaciones, transmisiones de misa y contenidos digitales existe una realidad que no siempre es visible: equipos pequeños, recursos económicos limitados y la necesidad de contar con profesionales preparados para responder a los desafíos de la comunicación actual.
Así lo revela el diagnóstico de la comunicación eclesial en México, presentado durante la primera jornada de actividades programadas como parte del XXIII Encuentro de Nacional de la Pastoral de la Comunicación que se lleva a cabo en Tabasco.
El estudio, elaborado por la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Comunicación (CEPCOM), reunió las respuestas de 56 diócesis del país para conocer la organización de sus áreas de comunicación, las actividades que realizan y sus principales dificultades.
El Evangelio es el mejor mensaje
Mons. Heriberto Cavazos Pérez presidió la Eucaristía en la parroquia de la Inmaculada Concepción, donde llamó a comunicar el Evangelio con alegría.
“Me nace decirles de corazón que estamos en Tabasco, que estamos convencidos de que el Evangelio es la mejor riqueza y el mejor mensaje”.
Durante su homilía, el obispo vocal de la CEPCOM recordó el Jubileo por los 50 años de la Pastoral de la Comunicación y lo presentó como una motivación para el comunicador católico que tiene la misión de comunicar con valentía, verdad, sinceridad, testimonio y fraternidad.




